Mi Historia

Hace algunos años, un divorcio cambió mi vida por completo. Mi pareja comenzó a sustraer, sin que yo lo supiera, los fondos que teníamos en una cuenta mancomunada y a transferirlos a una cuenta propia. Al mismo tiempo, dejó de pagar la hipoteca de la casa que compartíamos, una responsabilidad que terminé asumiendo yo sola. Mi pareja me enganó con otra persona. De un día para otro, no sólo perdí una relación: también tuve que enfrentar las consecuencias económicas de las decisiones de otra persona. Pasé de tener dos salarios en casa a uno sólo, mientras las cuentas, la hipoteca y la responsabilidad de sacar adelante a mi hija quedaron sobre mis hombros.

Mónica Taher

Fue una experiencia dolorosa y profundamente injusta. Me obligó a entender, de la manera más difícil, que el amor, la confianza y una vida construida en pareja no necesariamente significan seguridad económica. Y también entendí algo que nunca había aprendido: nadie va a proteger mejor mi futuro que yo misma.

Con una hija que sacar adelante, empecé a buscar respuestas. Esa búsqueda me llevó a la tecnología, los negocios, las finanzas y, finalmente, a reinventarme profesionalmente. Lo que viví con mi ex terminó siendo una bendición.Le pagué en efectivo lo que había invertido en la casa. El banco retiró su nombre de la hipoteca y yo me quedé con la casa por completo.

Esa experiencia también me hizo ver el mundo de una manera diferente. Entendí que muchas de las cosas que damos por sentadas —la forma en que la sociedad dicta cómo debemos comportarnos, las relaciones, la religión, el poder, las leyes y la información— están definiendo nuestras vidas sin que necesariamente nos detengamos a cuestionarlas.

De ahí nace Mujeres Que Piensan: un espacio para hacer preguntas, investigar, conversar y entender juntas lo que está pasando a nuestro alrededor, independientemente del lugar donde residamos. No quiero decirles a las mujeres cómo vivir. Quiero que entendamos las estructuras de poder y que tengamos las herramientas para decidir por nosotras mismas.

Quiero que entendamos nuestro dinero y aprendamos a construir patrimonio. Que conozcamos la tecnología y la inteligencia artificial, porque quienes entienden las nuevas tecnologías tendrán cada vez más poder para decidir sobre su futuro. Que votemos informadas y entendamos las decisiones políticas que afectan nuestras vidas. Que defendamos los derechos que tanto ha costado conquistar. Que ocupemos los espacios de poder en los negocios, la ciencia, la tecnología, la política y los medios. Que cuestionemos las reglas que nos dicen quién debemos ser, cuánto debemos ganar, cuándo debemos casarnos, si debemos tener hijos o cómo debemos vernos y comportarnos.

Quiero que reduzcamos la brecha salarial, que más mujeres sean dueñas de empresas, inversiones y propiedades, o que tengan empleos donde sean respetadas y no se sientan oprimidas. Que aprendamos a negociar y a proteger nuestro patrimonio. Que sepamos identificar una relación de violencia y tengamos las herramientas para salir de ella. Que podamos reinventarnos a cualquier edad y que nuestras hijas crezcan viendo mujeres que no piden permiso para ocupar su lugar.

Porque para mí, el verdadero empoderamiento no consiste en decirle a una mujer que sea más fuerte. Consiste en darle información, herramientas y un espacio para tener conversaciones abiertas sobre todos estos temas. Porque una mujer que entiende el mundo que la rodea tiene más posibilidades de decidir sobre su propia vida y de no permitir que nadie la convenza de que no tiene opciones.

Pensamos. Cuestionamos. Decidimos.