¿Qué es la Ley de la Atracción?

por Oct 27, 2021Blog

image_pdfimage_print

Cuando tenía 9 años, experimenté un suceso que a veces no suelo compartir por temor a que no me crean. Sin embargo, es un hecho real. Nací y crecí en San Salvador. Todas las tardes, los niños de la colonia, salíamos a jugar después de haber terminado las tareas del colegio. En los 80s, la vida era más sana y sencilla. No teníamos celulares y jugábamos Escondelero, Arranca Cebolla, Carreras, fútbol o cuando comenzaba a oscurecer, nos poníamos a contar historias de miedo: El Cadejo, El Cura sin Cabeza, La Carreta Chillona o simplemente a payasear con dichos propios de nuestra idiosincrasia: “Dame tu nalga y te doy tu huacal”. Tuve una infancia feliz, en lo que cabe a pesar que en El Salvador crecimos con una guerra cruel a la que catalogué años después como innecesaria.

Ese día, me encontraba sentada en el jardín del frente de mi casa con una amiguita cuyo nombre creo era Ana. También pudo haber sido Maritza. No lo sé. De pronto escuchamos al carro de los sorbetes acercarse con su musiquita de cuna Latinoamericana. Vi a dos niños correr al carro para comprar paletas y entré a mi casa espavorida a buscar dinero. Mis papás andaban trabajando, pero usualmente siempre había monedas tiradas en la mesa del comedor o en el cuarto en una cajita de madera. Busqué en ambos lugares y no encontré nada. Le pedí una moneda de veinte y cinco centavos de Colón, nuestra divisa antigua, a “la muchacha” de la casa, pero me correspondió con una mirada glacial.

Salí de nuevo y me senté junto a Ana o Maritza. Me había resignado a que no comería un sorbete ese día y agarré un palito seco del jardín para escarbar la tierra, cosas normales que los niños hacen cuando están aburridos. De hecho tenía una prima que comía tierra, pero esa es otra historia. No escarbé muy hondo cuando me topé con una moneda de veinte y cinco centavos. Creo que no reparé en el hecho que había encontrado lo que andaba buscando de la manera más rara e impredecible hasta después de salir corriendo hacia el carrito.

Cuál era la probabilidad de encontrar exactamente la cantidad de dinero que necesitaba al escarbar en el jardín? Cómo puede ser que escarbé exactamente donde se encontraba esa moneda? Quién enterró la moneda ahí? No tengo la menor idea.  

Lo que sí decidí en ese momento es que había tenido mucha suerte y en mi mente infantil e inocente, determiné que si uno desea algo fuertemente y con los ojos cerrados, puede atraerlo a su vida. Es un concepto talvez un poco idealista. Utópico, dirían algunos, no obstante, fuera de encontrar dinero soterrado en algún jardín o de ganarse la lotería, creo en la Ley de la Atracción para alcanzar una meta: querer ahorrar $100.00 mensuales con mucho ahínco, lograr un ascenso en tu trabajo y prepararte con pruebas fehacientes de tus logros para hablar con tu jefe, lanzar ese negocio que te mantiene despierta por las noches porque sabes que tiene mucho potencial o pagar todas tus deudas.

Cualquiera que sea tu meta, lógrala. Esfuérzate por alcanzar lo inalcanzable. Sé tenaz y marca la diferencia entre ser un líder y un seguidor. Atrae positivamente hacia ti lo que tanto anhelas y no te rindas.